lunes, 28 de febrero de 2011

Juegos de mesa

¿Hace cuanto que no juegan un juego de mesa? Personalmente hace más de un año que no me siento frente a un amigo y despliego un tablero, saco dados, me pregunto por qué faltan fichas... A veces se extraña. No se confundan, no estoy desempolvando ningún discurso; ni el de: "Juegos eran los de antes, no esas basuras digitales de ahora" o: "¡Jugá con gente! ¡No con una máquina!". Primero que nada, un juego es un juego; segundo, se puede socializar igual jugando online. Igualmente todo esto es tema de discución para otro post. Hoy quiero hablar solamente de los juegos de mesa.
Cuando hablo de juego de mesa, hablo de todos los que se les puedan ocurrir: juegos de cartas (truco, casita robada, Magic, Pokemon, canasta), juegos de tablero (T.E.G., Risk, Ludo, la oca, ajedrez, damas), rol y una larga lista de etcéteras. Personalmente hace bastante que no me siento a jugar a alguno de estos. Lo último que jugué fue Magic y T.E.G., las partidas podían durar horas, y estaba bien. Creo que una de las razones principales por las que los juegos de mesa perdieron su lugar -y no estoy diciendo que estén muertos- es que muchos ya no tenemos el tiempo físico -o eso decimos- para trasladarnos hacia la casa de un amigo o para hacer simplemente eso, jugar. También hay que tener en cuenta que la caja del T.E.G ocupa más espacio que una consola de videojuegos, un aparato que puede contener ese mismo juego y varios cientos más. Pero hay algo en el juego de mesa en sí. Es el hecho de poder tirar los dados, poder ver un mapa, mover un ejercito entero, ofenderse y tirar las cartas sobre la mesa... Se trata de un lenguaje corporal.
No quiero extenderme hablando sobre el romanticismo de los juegos de mesa, simplemente marcar un punto bien simple: el diseño. Los juegos de mesa son perfectos para diseñadores -de juegos- porque permiten, una vez realizado el diseño del mismo, probarlo con un costo relativamente bajo. Un dado puede conseguirse por menos de un peso y el tablero y tarjetas, de ser necesarias, pueden realizarse con un lápiz y un papel. Queda en la buena predisposición de nuestros amigos testers meterse lo suficiente y dejarse llevar por lo único que importa: la jugabilidad. Una vez que los testers cruzan el umbral de la buena presdisposición y pueden hablar claramente de la jugabilidad y qué es lo que no les gusto de la misma, y no, que las líneas que dibujamos con lápiz para definir el tablero estaban torcidas, podemos decir la frase que nunca nadie quiere escuchar en ningún ámbito: ya no hay excusa. No hay excusa para que un diseñador no diseñe. 
"No sé programar" -hacé un juego de mesa. "No sé dibujar" -pero sabés escribir (o por lo menos eso creo). "Pero yo no quiero hacer un juego de mesa, no son divertidos. Yo quiero hacer un videojuego con gráficos de última generación, shaders que te hagan explotar la cara, una historia retorcida con un giro de tuerca al final, controles hiper realistas y conexión a internet para jugar con una comunidad online y rankear entre los mejores del mundo." -entonces te recomiendo que practiques bungee desde la cima de tu propio ego con un alambre de púas atado de los tobillos, rebotes contra el suelo de tu ignorancia y escupas la sangre tu falso amor. A vos no te gustan los juegos. 
Si quieren ser diseñadores de juegos, diseñen juegos; ya no hay excusa para no hacerlo. El único beneficio real que poseen los videojuegos sobre los juegos de mesa es que las copias son virtualmente gratuitas. Aparte de eso podemos discutir sobre la cantidad de gente que trabaja en cada uno pero esto se trata de diseño. Así que para un diseñador, un juego de mesa es perfecto para aprender a diseñar, tal vez no para crear un negocio.


En una semana les traigo alguna noticia ;).

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